La telefonía móvil es la innovación tecnológica que más rápidamente se ha asentado en la sociedad de todo el mundo. Para que os hagáis una idea, el teléfono fijo tardó setenta años en hacerse popular, la radio necesitó alrededor de medio siglo y la televisión casi treinta años. Incluso un fenómeno como es el de Internet está tardando en obtener cuotas de penetración verdaderamente significativas.
Pero la telefonía móvil ha roto todas las barreras. Según la Conferencia de la ONU para el Comercio y Desarrollo a finales de 2006 habrá más de 2.600 millones de usuarios de telefonía móvil en todo el mundo, lo que supone que una de cada tres personas utilizan estos equipos para comunicarse. Además, el móvil es la única herramienta TIC que cuenta con más usuarios en los países en desarrollo que en el mundo industrializado.
En el caso de España ya hay más móviles que habitantes. Y por si fuera poco, los españoles somos, junto a los italianos, los ciudadanos de la Unión Europea que más rápidamente cambiamos de móvil (nos duran menos de dos años por término medio).
La otra cara de la moneda de este proceso son los residuos que generan los teléfonos. Según los datos de la Fundación TRAGAMÓVIL en España cada año se desechan veinte millones de móviles, lo que equivale a 2,5 millones de kilos. Una cantidad que es necesario tratar adecuadamente si no queremos perjudicar el medio ambiente. Por eso vuelvo a insistir, aun a riesgo de resultar un tanto “plomo”: un móvil no es algo que se puede tirar a la basura o dejar en un vertedero de forma incontrolada; es preciso llevarlo a un contenedor TRAGAMÓVIL (ya tenemos más de 400 por toda España) o a cualquier punto limpio del Ayuntamiento. Si tenéis cualquier duda, os recomiendo la página de la Fundación: www.tragamovil.com

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