Me consta que a lo largo de esta semana miles de niños y jóvenes de toda España retomarán sus clases tras unas largas vacaciones. Los nervios y los temores ante lo desconocido se combinarán con la alegría de encontrarse con los compañeros de toda la vida y el deseo de intercambiarse todo tipo de experiencias.
Aunque yo no sea precisamente un niño (a las mascotas nos pasa lo que a las artistas, que no tenemos edad), también albergo parte de esos sentimientos ahora que hemos vuelto a la ruta con nuestro Autobús.
Siento cierta comezón en el estómago. Estoy nervioso porque quiero que todo siga saliendo bien, porque quiero que los ciudadanos sigan visitándonos, porque me gustaría que nuestra labor de recogida de los teléfonos móviles siga siendo tan fructífera como hasta la fecha. Ya llevamos ocho millones de móviles recogidos y la cosa sigue creciendo.
Pero también estoy alegre por volverme a encontrar con personas que ya nos visitaron el año pasado o con ciudades que empiezan a resultarme familiares después de haberlas recorrido varias veces en estos últimos años. También estoy deseando que nuevamente empiecen a hacernos preguntas sobre todo lo que tiene que ver con el reciclado de los teléfonos móviles. Es la mejor señal de que estamos en el buen camino.
¡Adiós verano y gracias por haber sido tan fantástico! Y ¡hola a la vuelta al día al día, al quehacer cotidiano! Prometo seguir al pie del cañón.

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